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Cardiología

Pericarditis Constrictiva

Se caracteriza por la modificación histológica del pericardio que impide la relajación diastólica ventricular. Este hecho puede ser debido tanto a la calcificación del mismo, hecho por otra parte poco frecuente, como a su engrosamiento -en la mayoría de los casos- o bien a un trastorno exudativo-constrictivo donde aumenta el tamaño de la hoja visceral mientras que la parietal, distendida, permite el incremento líquido. No es una enfermedad común y excepcionalmente es el curso final de una pericarditis aguda.
La afección ocasiona la caída del volumen sistólico y causa deterioro hemodinámico al disminuir la fracción de eyección y el volumen minuto cardíaco, al no ser compensado por la taquicardia. La congestión pulmonar y sistémica subsecuente y el bajo volumen minuto cardíaco simularán una insuficiencia cardíaca congestiva.
El estudio de las presiones ventriculares muestra una caída protodiastólica de la misma con una pendiente anormalmente alta de los dos tercios finales de la diástole que se ha denominado "signo de la raíz cuadrada" o "caída y meseta", que obedecen al rápido llenado del ventrículo y el mantenimiento ulterior del volumen sanguíneo.
Los síntomas característicos son edemas de los miembros inferiores y ascitis, turgencia yugular (que no desaparece y sí aumenta con la inspiración profunda constituyendo el signo de Kussmaul), disnea de esfuerzo que puede llegar -pasando por todas las etapas- a la ortopnea, la astenia, las palpitaciones, la fibrilación auricular, la ictericia por congestión hepática, el dolor torácico, el derrame pleural, etc. El examen clínico muestra un corazón "mudo", con ruidos alejados, ausencia de latido apexiano e incluso retracción sistólica. Al comienzo de la diástole puede auscultarse un ruido, denominado "golpe pericárdico", algo similar al tercer ruido cardíaco.
El electrocardiograma muestra ondas T planas o negativas. La fibrilación auricular es una arritmia frecuente que se presenta en una cuarta parte de los casos. La radiografía de tórax puede revelar la calcificación, cosa que sucede en la mitad de los enfermos. El ecocardiograma puede orientar con algunos signos que no son patognomónicos y el cateterismo cardíaco, aunque aporta mayores datos, puede dar patrones difíciles de diferenciar de la miocardiopatía restrictiva. El diagnóstico diferencial debe efectuarse con esta última afección y con la miocardiopatía dilatada, la cirrosis hepática, el cor pulmonare crónico, con el tumor de aurícula derecha, etc.
El tratamiento es quirúrgico y consiste en realizar una amplia pericardiectomía, que se dificulta y no asegura el éxito cuando se trata de una pericarditis calcificada.

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